Fe, tradición y pueblo: La multitudinaria peregrinación a Cerro Negro que movilizó a todo Iglesia
Como cada año, cientos de fieles desafiaron el frío de la mañana para acompañar la imagen de Santo Domingo de Guzmán. Una muestra de identidad comunitaria donde la devoción religiosa se fusionó con las costumbres gauchas y el calor de un gran almuerzo familiar.
La comunidad del departamento Iglesia volvió a ratificar que su fe y sus tradiciones están más vivas que nunca. Desde las primeras horas de la mañana, cuando el termómetro marcaba temperaturas rigurosas, una multitud de fieles se concentró en la iglesia parroquial para dar inicio a la tradicional peregrinación anual de Santo Domingo de Guzmán hacia Cerro Negro, una de las muestras de devoción más importantes y esperadas del calendario local.
El recorrido, que comenzó alrededor de las 9, se transformó rápidamente en una postal de profunda espiritualidad. Familias enteras, niños, jóvenes y ancianos caminaron a paso firme entre rezos, cantos y momentos de silenciosa reflexión. Junto a los caminantes, el protagonismo de las agrupaciones gauchas aportó el color y el respeto característicos de la identidad sanjuanina: decenas de jinetes escoltaron la imagen del santo patrono portando banderas argentinas y luciendo sus atuendos típicos, reafirmando el lazo histórico entre las raíces criollas y la fe del pueblo.
El trayecto sumó un momento de descanso y confraternidad al alcanzar la gruta de la Virgen de Andacollo, sobre la Ruta Nacional 150. En ese punto, un grupo de vecinos y colaboradores esperaba a los peregrinos con chocolate caliente, café, té y mate cocido. El parate no solo sirvió para mitigar el frío matutino y recuperar fuerzas, sino también para profundizar el sentido de comunidad a través de charlas, risas y anécdotas compartidas.
Con la salida del sol, que empezó a templar el paisaje de la zona, la columna de creyentes retomó la marcha sumando cada vez más personas a su paso. Poco después del mediodía, el arribo de la imagen a Cerro Negro desató una ovación cerrada, lágrimas de emoción y aplausos de quienes aguardaban en el lugar el cierre de una caminata impulsada por promesas, agradecimientos y peticiones de salud y trabajo.
Tras la llegada, la jornada espiritual se transformó en una verdadera fiesta popular al aire libre. Los presentes compartieron un almuerzo donde el plato fuerte fue la clásica locreada, acompañada por asados, empanadas y pasteles caseros preparados por los propios vecinos. El encuentro consolidó, una vez más, el fuerte sentido de pertenencia y solidaridad que define a los iglesianos, demostrando que esta festividad excede lo estrictamente religioso para convertirse en el corazón de la memoria y la unión de todo un departamento.
fotos: municipalidadiglesia


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