El dolor de Noelia Agüero tras las llamas en Pocito: “Es un dolor muy grande, nos quedamos con lo puesto”
Es una de las vecinas damnificadas por el feroz incendio en la zona de calle Alfonso XIII. Perdió su casa, las herramientas de trabajo de su familia y recuerdos irremplazables de un hijo fallecido. “Estamos con lo puesto”, contó acongojada.
El fuego se apagó, pero en Pocito quedó otro paisaje. Donde hasta hace horas había casas, herramientas de trabajo, pertenencias familiares, recuerdos y mascotas, este jueves hay familias intentando dimensionar lo que perdieron y pensando cómo empezar nuevamente.
Es el día después de las llamas en la zona de calle Alfonso XIII, entre calles 11 y 12, y el testimonio de Noelia Agüero, una de las damnificadas, expone la dimensión humana que dejó el incendio.
“Nosotros nos hemos quedado en la calle. Fue pérdida total, no nos dio tiempo a sacar nada, nada. Con lo puesto estamos”, contó la mujer a Diario La Provincia SJ.
Un fuerte relato
Noelia vive en la tercera de las viviendas que, según relató, fueron alcanzadas por el fuego. El incendio comenzó alrededor de las 13 y avanzó rápidamente. En cuestión de minutos, la prioridad dejó de ser salvar las pertenencias: había que salir y ayudar a quienes podían tener dificultades para hacerlo solos.
“Somos personas que la laburamos”, resumió. Su marido es jardinero y perdió las herramientas que utilizaba para ganarse la vida. Uno de sus hijos es peluquero y también se quedó sin sus elementos. Ella tenía un pequeño kiosco que ayudaba a sostener económicamente el hogar. “Mi hija trabaja y no puede ir a trabajar porque está con lo puesto”, agregó.
No se trata solamente de reconstruir una casa. Para esta familia, también significa recuperar los elementos que les permitían generar sus ingresos cotidianos.
“No teníamos nada con qué apagar”
Noelia todavía recuerda la desesperación de aquellas primeras horas. Según contó, mientras las llamas avanzaban, la zona quedó sin electricidad y eso también complicó el acceso al agua. “No teníamos luz y, al no haber luz, no había agua. No teníamos nada con qué apagar, no teníamos una pala, nada”, relató.
Los vecinos intentaron contener el incendio, pero el viento complicó cada esfuerzo. De acuerdo con su testimonio, el material encendido era transportado por las ráfagas y terminaba alcanzando otros sectores. Las llamas llegaron así a árboles ubicados en los fondos de las propiedades y posteriormente a los techos.
La familia ya conocía el riesgo que representaba la vegetación en la zona. Por eso, aseguró, los propios vecinos habían trabajado previamente en la limpieza de un canal. “Nosotros habíamos limpiado el canal con la idea de esto, porque ya nos ha pasado años atrás”, explicó. Según detalló, unos 200 metros hacia el sur de su vivienda habían sido despejados entre los mismos habitantes del lugar. Pero esta vez no alcanzó. “Los restos venían con fuego prendido y eso incendió los techos”, recordó.
Un nene de 8 años y la desesperación por buscar ayuda
Entre las imágenes que Noelia no puede quitarse de la cabeza está la de su hijo de apenas 8 años en medio de la emergencia. “Ayer, ver correr sus lágrimas y que él corría por el potrero a buscar auxilio y no poder hacer nada fue algo muy, muy desesperante”, expresó.
Mientras algunos intentaban contener las llamas, otros se concentraban en asistir a los vecinos mayores y a quienes tenían problemas de movilidad.
La situación era especialmente compleja porque, según describió Noelia, en las viviendas afectadas y cercanas viven varias personas que por su edad o estado físico necesitaban ayuda para ponerse a salvo.
“No puedo sacar un recuerdo de mi hijo”
Pero entre todo lo perdido existe algo que para Noelia no puede reponerse con dinero. La mujer contó a este diario que años atrás atravesó la muerte de uno de sus hijos, Luciano Rojo, y que entre las pertenencias destruidas por el incendio estaban sus recuerdos.
“Yo vengo de la pérdida de mi hijo. Se llamaba Luciano Rojo y no puedo sacar un recuerdo de mi hijo. Me parte el alma”, expresó. Su voz resume entonces una pérdida que va mucho más allá de las paredes quemadas.
“Es un dolor muy grande el que se siente al ver que no tenés nada. Nada, nada”, sostuvo. A eso se sumó la pérdida de animales y mascotas durante el incendio, otra de las escenas que dejó profundamente afectada a la familia.
Vecinos vulnerables entre los damnificados
Noelia quiso que su testimonio sirviera también para visibilizar la situación de las otras familias. Según enumeró, entre los vecinos alcanzados por la emergencia hay adultos mayores y personas que atraviesan serios problemas de movilidad o de salud.
Mencionó a una mujer de apellido Morales que sufrió un ACV; a sus propios padres, entre ellos Juan Carlos Agüero; a una vecina llamada Liliana que fue operada de la cadera; y a Mauro Camargo, quien sufrió la amputación de una pierna y, según contó, había recibido el alta médica apenas uno o dos días antes del incendio.
También mencionó a la familia Guzmán, integrada, de acuerdo con su relato, por los padres y dos niñas. “Hay mucha gente grande que realmente necesita ayuda”, pidió.
Las llamas ya pasaron por Alfonso XIII, pero para quienes viven allí la emergencia todavía no terminó. Ahora queda reconstruir casas, recuperar herramientas para volver a trabajar y acompañar a familias que, en cuestión de minutos, vieron desaparecer buena parte de lo construido durante años.
Lpsj





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